EXISTIMOS

En Villaricos, a un grupo de ciudadanos ociosos sin nada mejor que hacer les ha dado por pensar en que además de una historia inmediata de políticos y promotores y recalificaciones y descalificaciones, contamos con una historia pretérita de fenicios, romanos, godos, musulmanes y cristianos, que nos han hecho ser quienes somos.

Parece ser que hay una oleada de movimientos ciudadanos en la comarca destinados a criticar y denunciar determinadas actuaciones tanto de organismos públicos como privados, lo cual resulta bastante gratificante, no ya por lo acertado o desacertado de la crítica o denuncia en cuestión, sino por la toma de conciencia por parte de dichos grupos de que se puede hacer política desde fuera de la política, de que tenemos derecho a oponernos, por activa y por pasiva, a todo aquello que no nos guste, pese a quien le disguste. Y tenemos derecho por el simple hecho de que estamos en nuestra casa, que es la de todos, y por la siempre malinterpretada cuestión de que los dirigentes públicos no son los líderes, los caudillos, ni los adalides de nada ni de nadie, sino los empleados de una sociedad que les ha concedido licencia para administrar la cosa pública en su nombre, debido al lamentable estado de estupidez en el que aún chapotea el ser humano, estado que le impide autorregularse de manera espontánea, ecológica y altruista.

            Y aunque el mundo y la existencia siguen siendo un misterio, lo que sí parece claro es que ese misterio lo abarca todo y la más mínima modificación en la más insignificante de las moléculas afectará de una forma o de otra a la totalidad, de manera que parece bastante desacertado menospreciar lo minoritario o aparentemente trivial con la arrogancia del que cree haber encontrado el orden perfecto, donde cada cual tiene asignado su papel, su diálogo y su escena, respondiendo a estímulos condicionados y demás mecanismos de soplapollas correctamente socializados.

            Y contra todo esto nada mejor que una conciencia crítica en estado de alerta, como en el caso de Villaricos, donde una asociación ciudadana con el revelador nombre de Existimos está impidiendo que la construcción de un edificio de siete platas frente al mar acabe con los restos arqueológicos hallados en la zona (que podrían corresponder a una antigua factoría de salazones romana), ciudadanos ociosos sin nada mejor que hacer, a los que les ha dado por pensar que además de una historia inmediata de políticos y promotores y recalificaciones y descalificaciones, contamos con una historia pretérita de fenicios, romanos, godos, musulmanes y cristianos (entre otros), que nos han hecho ser quienes somos, en el caso de que seamos algo.

            Y el caso no deja de ser curioso, debido a que la Delegación de Cultura ha encargado el estudio de las excavaciones a la propia promotora inmobiliaria, que como cabe imaginar sentirá un desaforado interés por la arqueología y la historia, que no podrá por menos que llevarla a postergar sus intereses económicos en beneficio de estas disciplinas. No sabemos qué les pasa a los funcionarios de las covachas de Cultura, pero debe de haber algún virus institucional que propague la incompetencia a diestro y siniestro, porque si no, no se entiende.

            Claro que en un gatuperio donde anden enredadas las cosas de ayer con la política y los negocios de hoy, llevan todas las de perder las tinajas y las ánforas de Baria, y es que el imperio romano pasó y cayó, ahora estamos en otra cosa, la promoción, el turismo, el invernadero, y el que quiera saber algo de todo aquello que vaya al cine a ver La pasión, pero que no joda con historias de antes de Cristo, seamos serios.

            Así las cosas, parece que a la gente le ha dado por protestar, por decir esta boca es mía, por desenterrar el mensaje de un puñado de romanos/andaluces olvidados y encontrados, por oponerse a lo que no les gusta, por no dejar que se lleven el gato al agua los respetabilísimos artífices de la sacrosanta expansión urbanística.

            Y aprovechando la ocasión, en Huércal-Overa podríamos sacar fuerza de tanta flaqueza y crear una agrupación para recordarles a los niños de la Concejalía de Cultura que existen, que tienen una razón de ser perdida en el olvido, que están ocupando un tiempo y un espacio sin aprovecharlo, que no es oro toda la mierda que reluce, que deberían (el cargo obliga) hacer algo más que nada.

            Pues nada. Lo dicho.

“Existimos” (Diego M. Benedicto): Actualidad Almanzora, Primera quincena de Junio, 2004, pp. 3.

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