VECINOS DE VILLARICOS SE MOVILIZAN Y PARALIZAN UNA CONSTRUCCIÓN PARA PRESERVAR RESTOS ARQUEOLÓGICOS

La promotora les acusa de defender intereses particulares. La Junta tiene catalogada toda el área excepto la zona donde se piensa edificar.

Día 1 de agosto, viernes, la fecha en la que más españoles toman sus vacaciones. Ocho camiones y dos excavadoras comienzan a trabaja a destajo durante todo el día. El proyecto: un bloque de viviendas de siete plantas. El lugar: la pedanía de Villaricos de Cuevas del Almanzora, junto al Castillo-Torreón de la barriada, a pocos metros de una zona conocida por todos dada la existencia de restos de asentamientos romanos y de una factoría de salazones fenicia. Al lado de la playa, por supuesto.

            José Luis López Castro, de la Universidad de Almería, ya había realizado varias excavaciones entre los años 1987 y 1993. También el arqueólogo Belga Luis Siret trabajó en el área.

            Atraídos por el movimiento y el despliegue de medios, los vecinos de la zona comienzan a prestar más atención a las obras. Todos conocen del valor arqueológico del lugar (los Hipogeos –enterramientos- de una necrópolis fenicia, protegidos por la Junta de Andalucía, se encuentran a poca distancia). Los testigos, según declararon a Actualidad Almanzora algunos de ellos, comienzan a sospechar que algo no del todo claro está sucediendo. Estas sospechas se acentúan cuando escuchan caer, junto con la tierra extraída por las excavadoras y depositada en los camiones, objetos pesados. En cualquier otro lugar lo normal sería pensar que se trataba de vulgares piedras. Pero en Villaricos, la cosa cambia.

            Deciden acercarse a la obra y cerciorarse de lo que está pasando. Armados con una cámara fotográfica consiguen vislumbrar lo que para ellos son restos de un muro romano y de vasijas. Los operarios al verlos comienzan a hablar entre ellos y a usar sus teléfonos móviles. Los vecinos suponen que estaban pidiendo instrucciones. Rápidamente los camiones forman una fila que impide el paso y sobre todo para evitar las fotografías. El encargado intenta echar a los vecinos, encabezados por el concejal Francisco García Marín, alegando que aquello es una propiedad privada. Uno de ellos, que prefiere conservar su anonimato, le contesta que la obra no cumple con las medidas de seguridad estipuladas por la ley. La discusión sube de tono y el representante municipal decide informar a la Guardia Civil y al SEPRONA, que hacen acto de presencia. El Director General de Bienes Culturales, Julián Martínez, se desplaza al lugar y logra paralizar los trabajos.

            Se confirma. Los restos arqueológicos existían. Se podría tratar, a la espera del informe que están elaborando los técnicos de la Delegación de Cultura, de parte del antiguo asentamiento romano de Baria. La historia no acaba aquí. Al día siguiente es hallada una columna de la misma época tirada en un vertedero próximo y Enrique Fernández Bolea, del colectivo Axarquía, relata cómo escuchó a un obrero de la constructora contar que había encontrado un ánfora y que “le ordenaron hacerla trizas”.

            Esto contrasta con lo declarado por la empresa. Fuentes de la misma señalan su extrañeza ante el interés filantrópico de los vecinos cuando, en las obras de ampliación del paseo marítimo que se desarrollan actualmente próximas a la zona en cuestión, nadie se preocupa de los posibles restos arqueológicos. Para este declarante, el interés vecinal obedece más a asuntos particulares que generales. Con la construcción prevista del edificio de siete plantas se perdería la excelente panorámica de un restaurante de los alrededores.

            La actuación ya comenzó con polémica, ya que sólo cuenta con licencia municipal concedida por el Ayuntamiento de Cuevas del Almanzora, mediante modificación puntual de Normas Subsidiarias. El PSOE dijo no. El concejal García Marín, del equipo de gobierno y natural de Villaricos, expresó entonces su oposición, aunque la negativa acabó en abstención.

            Desde el consistorio se defiende la gestión. El concejal de Urbanismo, el popular Juan José Pérez, declaró que “el comportamiento del Ayuntamiento en este tema ha sido impecable. Hemos paralizado las obras de forma cautelar hasta que recibamos instrucciones de la Delegación de Cultura”. Esta parada tendrá una duración de 30 días, pasados los cuales “si no hemos recibido ningún informe por parte de la Delegación, dejaremos el asunto en manos de nuestro gabinete jurídico”, señaló el edil. Pese a lo declarado por Pérez, los vecinos aseguran que fue el Director General de Bienes Culturales y no el consistorio el que detuvo la construcción.

            “Para realizar trabajos de este tipo es necesario contar con la licencia de la Comisión Provincial de Urbanismo, pero es que además atenta contra la ley de Costas al no respetar los 100 metros legales con la primera línea de playa”, explica un vecino contrario a las obras.

            Lo cierto es que hasta que Cultura haga público su informe no se sabrá qué es lo que se ha encontrado en Villaricos y si se ha producido un atentado contra el patrimonio.

            Desde la propia Delegación han declarado el hallazgo como prioritario y todos los técnicos trabajan en la realización de un documento antes de que venza el plazo dado por el Ayuntamiento.

Las 1,68 hectáreas de la polémica

Ese es el tamaño del terreno en el que se iba a ubicar el edificio de siete plantas. Los problemas surgieron cuando la Junta de Andalucía declaró a toda la zona del Torreón-Castillo de Villaricos Bien de Interés Cultural (BIC). Toda menos esa parcela. Desde el gobierno autonómico se adujo un error administrativo como motivo de la no inclusión y se señaló que sería subsanado. No ha habido tal rectificación lo que ha provocado la construcción en el área. Lo más extraño de todo es que sean los vecinos los que tengan que velar por la conservación del patrimonio y no las instituciones responsables de este cometido.

Actualidad Almanzora, Segunda quincena de Agosto, 2003, p. 5.

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